Día D

Llega un día en que todo sale como siempre imaginaste que debían salir las cosas. Vas por la calle y coincides con ese alguien a quien te apetece ver. Suena la canción que hace mucho que no escuchas, que te recuerda un momento muy especial de tu vida. Las siluetas rojas de los semáforos se esconden avergonzadas tras tus fuertes y decididos pasos. Es un día, o dos, quién sabe. Temes que no existan otros pero un algo, o puede que un alguien, te susurra una palabra que hace que una tímida sonrisa se asome por debajo de tu nariz. Ahora sabes que vivir otro día así está en tus manos.

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Temores

Estaba nerviosa, lo había hecho otras veces pero ese día, antes de empezar, una lágrima cayó por mi pálido rostro. Me habían prometido que sería placentero. Ella me vio intranquila, así que me ofreció unos misteriosos polvos blancos que decía que me calmarían. Los tomé. Tuve una sensación de gran alivio y por un momento creí estar relajada. Me habían asegurado que me sentiría como una diosa pero yo sólo notaba el calor del infierno. Entonces todo comenzó, una energía recorrió mi interior y yo, asustada, apreté los dientes con fuerza. ¡Malditos! No sé por qué compré esa milagrosa depilación por internet.

Beu

Sempre ben freda, en forma de canya, quintu, mitjana, fresca i sense pasteuritzar o en llauna. Bracejada amb maltes pàl·lides, aigua del Montseny, perfumada amb una infusió de flors de llúpol aromàtic de Saaz i un toc de passió catalana. A la Fàbrica, al Velódromo, al 300 del Born, a la cerveseria de barri de tota la vida o a un minimalista espai gastronòmic. No és una més, és una Moritz, l’única amb un què especial que fa que beure-la sigui tota una experiència. Desgustar-la és notar com, glop a glop, tradició i modernitat traspassen els teus llavis, s’endinsen dins teu i recorren tots els teus sentits, deixant un alè d’allò més barceloní i mediterrani.

Capaç de despertar un esmorzar de pacotilla, és l’acompanyant ideal d’unes braves, l’essència d’un dinar a la vora del mar, la que millor lliga amb unes ‘Bombes de la Barceloneta’ i l’amant perfecte del ‘Pastís de l’Honorata’. He de confessar que sóc fidel a la seva versió de tota la vida, però sovint em rendeixo al cos de l’Epidor. Alguns dies prefereixo la fresca essència que transmet l’Aigua de Moritz i últimament no me n’he pogut estar de tastar l’exclusiva i efemèride 17.14. Tothom té la seva preferida, però el millor de tot és poder-les combinar segons el moment que estàs vivint i, perquè no dir-ho, segons la persona amb qui la comparteixes.

Recordo amb certa nostàlgia el que una tarda d’un dia que no recordo amb gaire exactitud em va explicar el meu avi, l’Eudald. Em va dir que anys enrere, en un edifici vell de la Ronda de Sant Antoni s’hi fabricava una extraordinària cervesa. La comprava en ampolles de ¾ i la gaudia amb els seus amics mentre veien alguns dels partits del Barça. Potser no li vaig fer massa cas, però ara per fi puc entendre les seves paraules i puc sentir algunes de les sensacions que tants i tants com ell van experimentar dècades enrere. Avui aquella fàbrica és encara molt més, ha estat rehabilitada per un reconegut arquitecte i deixa fascinat a tothom qui s’acosta a prendre alguna cosa, que mica en mica descobreix l’univers que s’hi amaga a dins.

Però potser, el que més m’atrau és la creativitat que envolta tot això. Cada vegada que passejant pel carrer veig passar un Seat 600 Moritz, cada exposició, activitat, taller o conferència que organitzen és tot un luxe per a Barcelona. Una cervesa que, a més a més d’estar boníssima, fomenta la cultura, valora i creu en el disseny, innova, crea tendència i s’ha convertit en tot un referent de la Ciutat Comtal. I de Catalunya. Perquè no tothom s’atreveix a posicionar-se, a crear samarretes iròniques, a criticar, a riure, a etiquetar en català i, sobretot, a fer país. Són valents i això agrada.

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Velada

Agarré con fuerza el vaso redondo, de cristal frío y rígido y lo bebí de un trago. Noté la dureza de su contenido circulando con agresividad por mi garganta. Me recordó aquel día en que tomé en compañía esa copa de Citadelle en la terraza de un estudio con vistas al mar. Pero ahora era agua y yo, insípida, me disponía a seguir con la decisión más importante que había tomado jamás.

Me fascinaba el poder de mi mente, por las mañanas se escondía pensando bajo un monótono flequillo en una calmada oficina de ciudad. Por las noches, se convertía en una exitosa guionista de la más pura y excitante fantasía. Era una experta en el género dramático, aunque tengo que confesar que, a veces, se marcaba comedias de imprevisto final feliz. La acción tenía los mejores efectos especiales y me hacía vivir el terror de tal forma que llegaba a temblar, sudar e incluso llorar. Hasta que llegó el día en que me desperté atónita, había concebido mi obra maestra, era la mejor creación onírica que podía hacer, había palpado la felicidad plena y yo lo sabía. Ya nada, nunca jamás, estaría al mismo nivel de lo vivido en aquel sueño. Lo sentí, y para mí eso lo era todo.

En cuanto esa agua traspasó mi boca, percaté como el hidrógeno se enlazaba con el oxígeno y allí, en esa fatal covalencia, mi billete de ida se había diluido con descaro. Fue justo en ese preciso e insignificante instante cuando se sumergió en mí mi más temida pesadilla, la substancia que hizo que jamás volviese a soñar.

Ilustración: Claudia Mardones
Relato: Raquel Andrés

Publicado en “Sueño despierto” de The Art Warriors. (Pág. 40)
http://artwarriors.blogspot.com/2012/01/sueno-despierto-con-art-warriors.html

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Aturat

Estic sempre quiet, però m’amago de tant en tant perquè tu et sentis lliure. L’autoritat que tinc no tothom la respecta. Alguns creuen que sóc pesat, tenen pressa i no fan cap cas de les meves advertències. A certes hores sóc inútil i ningú m’observa. A vegades m’agradaria ser un altre i poder fer unes passes. I em miro, i us miro, i ens veig igual. Esteu parats, no feu res per canviar una vida que no us agrada. Esteu com un ninot vermell dins d’un semàfor que pretén irrompre el camí dels vianants.

Soñar despierto

MARC

Me acuerdo del sueño que tuve ayer como si fuera ayer. Estaba en un bar y de lejos vi a una chica joven, de dedos blancos y largos y desafiantes ojos azules. En mis sueños soy un chico abierto y seguro de mí mismo, así que, contrariamente a lo que en realidad jamás hubiese hecho, me acerqué con valentía a la chica y empecé a hablar con ella. Tenía un punto hippy que me enloquecía y me aborrecía a la vez, pero después de un par de copas, me la llevé al mejor hotel de la ciudad. Pasamos una noche viendo las estrellas, acalorados y cautivados por ser dos desconocidos. Y mientras contemplábamos el alba del sol, abrazados e impresionados por nuestro inquietante entendimiento, me he despertado y me he encontrado solo en una habitación llena de ropa en el suelo y una nota escrita a mano.

SANDRA

He tenido un sueño, que de tan real no parecía un sueño. Estaba en un bar, abrumada en mis pensamientos de nueva soltera cuando se me acercó un chico elegante y con clase. Me había ido a uno de los bares más caros de la capital, por no encontrar a ningún conocido. No recuerdo ni su nombre, sólo que era de constitución atlética, mi sueño no trazó su rasurado rostro, así que no lo pude ver. De repente, como si de rebobinar una cinta beta se tratara, todo pasó muy rápido y yo sólo me pude concentrar en sentir un gran placer y notar un noséqué que me dejó anestesiada por dentro. Después de unos instantes de tiempo que no puedo definir con ningún tipo de exactitud, estaba en una suite de lujo con un ventanal donde podía ver que caía una fría tormenta de nieve. Fui al baño, que era de grande como mi piso compartido, para coger un albornoz y disfrutar del paisaje. Sin saber por qué, me fuí sin vestirme. Dejando una nota que decía: ¡Estoy harta de que el tiempo me arrastre a su gusto! Que el mundo se adapte a mi. Me he despertado con frío.